Junio 20, 2006

Casas Viejas

Los jornaleros proclaman el comunismo libertario para repartirse las tierras. La Guardia Civil y la de asalto, encabezadas por el capitán Rojas, prenden fuego a la choza y mueren sus defensores.

El viejo Seisdedos era segador en verano, iba a la aceituna en invierno, haciendo largos viajes, a veces para trabajar durante dos meses por la comida y dos reales. Esto era hace años. Ultimamente las cosas estaban mejor; pero, como en Casas viejas no hay aceituna y los obreros de un término municipal no pueden trasladarse a otro (acuerdo de los socialistas, absurdo), los jornales modernos de la aceituna (6,50) no los conocían. Los jornales de la siega subían; pero, cuando alcanzaban un punto remunerador con el cual era posible ya el invierno con mantas y pan, llegaba la máquina... Él y otros muchos se vieron recluidos todo el invierno en un pueblo sin vida.

El Seisdedos había leido en cierta ocasión un periódico y un folleto que le hablaban de tierra, derechos y libertad. No es preciso explicar el proceso psicológico de su conversión a las ideas libertarias. Nadie necesitará que se lo aclaren. El Seisdedos comunicó aquellos conocimientos a sus hijos y nietos. Pronto fue la familia de "los libertarios". Y a pesar de esto patronos y administradores reconocían que "se podía tratar con él". (...)

Hay cuatro casas fuertes en el pueblo y luego un sector de incondicionales de los administradores del duque. La culpa del paro la tiene, según ellos, la República. Quien sabe si sería más exacto decir que una de las crisis que determinaron aquella decisiva crisis de la monarquía era la del trabajo.(...)

Hemos podido comprobar que monarquía o república es cosa que en el campo andaluz tiene poquísima importancia.
El día 10 de Enero, por la mañana se hablaba en las casas de la plazuela de Casas Viejas de huelga general con miedo. El Seisdedos se pasaba la mano por su barba gris de una semana y preguntaba con fruición:

- ¿Teneis ustés sorreras?

Zorreras llaman a los cartuchos de escopeta cargados con postas. Son, por lo general, tres balines bastante gruesos.

Se habían reunido los del comité, y, olvidado ya el asunto del ferrocarril, se hablaba de armas, de municiones y también de la conveniencia de poner en cultivo inmediatamente las 33.000 hectáreas.

- Hay que labrarlo tó -Decía Grimaldi, agitando la octavilla impresa.

Algo había en el aire que fue convocando a todos los afiliados.

- Pero, ¿ quien os ha convocao? -Preguntaba Seisdedos.

Estaba allí toda su familia. Josefa dijo:

- Nos convoca la mala sangre que nos ponen los de abajo.

En este pueblo, los de abajo son los de la plaza, los ricos. El local estaba poco después lleno. En este pueblo, la proximidad de muchos hombres no les da aire comunicativo, sino que les acentúa más la expresión concentrada y al mismo tiempo ausente. Cabezas descubiertas, algún sombrero y muchas gorras. Rostros cetrinos y enjutos. Cuerpos desmedrados, entre los que a veces se muestra el obeso enfermizo o el fuerte y alto esqueleto apenas cubierto de tierra rojiza y harapos. Se hablaba de todo con desenfado. No llegaría a los de abajo la noticia de lo que trataran. Entre las chozas y las casas de la plaza hay abismos. Sonó una voz:

- ¡ No queremos más limosnas!

Rumores, voces... Seisdedos hace callar extendiendo la mano.

- Hay una proposición.

La proposición es una pregunta. Y la pregunta la hacen cuatrocientos hombres que tienen armas y municiones y que no comen.

- ¿Qué hacemos con la Guardia Civil y con los de abajo?

Dudas. Uno dice que lo que sea se hará. Que no hay que decirlo. Otro propone, oponiéndose a éste, que se les ofrezca el ingreso en el sindicato como trabajadores, si quieren por las buenas entrar en el plan comunista. "Somos fuertes y no hay que abusar" (Dato Textual). Seisdedos impone orden y hace leer la octavilla impresa. Después, repite obsesionado:

- ¡Compañeros se acabaron las limosnas!

- ¡A labrarlo tó!

Gritan repitiendo estas dos consignas. La presión sube. Vuelve el de la proposición.

- ¿y bestias? ¿Donde hay bestias pa labrarlo tó?

- Las comprará la comarcal.

Ya está resuelto. Seisdedos concreta:

- Hemos acordao ofreser a la considerasión de la asamblea que a la madrugá vaya el arcalde a convensé a la Guardia siví y a los de abajo. Pa evitá el derramamiento de sangre. Pero, de toas maneras, después de sená puen vení a buscar sorreras los que no tengan.

(Ramón j. Sender, "Tormenta en el Sur. El que tenía jaca cortaba tierra, según Seisdedos", en La Libertad, 26 de enero de 1933)

Publicado por Robao a las 6:02 PM

Noviembre 26, 2005

Nerón

El déspota, el cruel, el necio, el incapaz, el gran loco... muchos adjetivos sirven para calificar al que está considerado como uno de los peores emperadores de la historia de Roma, Nerón. Ejemplo de todos los males de la depravada capital imperial, el reinado de Nerón fue un ejemplo de derroche, fastuosidad y una crueldad dignas de un ser desalmado. La semilla del mal que Nerón pareció heredar de su madre, Agripina, murió con él. Su estirpe, su 'gens', se extinguió con su muerte, que, como no podía ser de otra forma en un personaje de su extravagancia, se produjo por suicidio. Pero, hasta ese momento, hay una larga historia que explicar...

Lucio Domicio Ahenobarbo, pues ése era su nombre original, nació el año 37 d.C. En el contexto del reinado de Calígula, al pertenecer a una poderosa familia, la muerte de su padre supuso que la familia de Nerón fuera desposeída de todos sus bienes, que pasaron a formar parte de las incalculables riquezas del crudelísimo Calígula.

Pero el destino sonrió a Lucio Domicio por partida doble durante su infancia. El año 41 d.C. moría asesinado Calígula, y el tío de éste, Claudio, ascendió al trono. Justo y conciliador, el nuevo emperador restituyó todas sus pertenencias a la familia del futuro Nerón. Justo y conciliador, sí, pero al mismo tiempo terriblemente débil, un defecto que Claudio pagaría a un alto precio. Fue conquistado y dominado por Agripina, quien no sólo le utilizó para eliminar a sus enemigos, sino que, tras casarse con él, quiso asegurarse de que su hijo sería el futuro César.

En el instante en que se produjo la boda entre Claudio y Agripina que eran tío y sobrina-, Nerón se convirtió en hijo adoptivo del emperador, y por tanto, candidato al trono. Agripina manejó a su antojo al monarca, quebró su voluntad y cuando lo creyó oportuno, concluyó su trama envenenándolo y forzando la entronización de Lucio Domicio, conocido desde entonces como Nerón. Todo ocurrió el año 54 d.C. La conspiración de Agripina dio lugar a la muerte de un emperador genial, y propició la llegada de las sombras en el trono de la capital del mundo. Catorce años duró su reinado, un período marcado por la oscuridad surgida de la mente de un joven. Nerón, mbicioso y vehemente, fue nombrado César con sólo 16 años.

Pero en el inicio de su reinado, Nerón se mostró como un ejemplo de
honestidad, responsabilidad y humildad, llegando a bajar los mpuestos y repartiendo comida entre el pueblo. Incluso prohibió que los gladiadores pelearan a muerte en el circo. Sin duda, no es ésta la imagen que tenemos hoy de Nerón. Defensor a ultranza de las artes, especialmente de la música, la poesía y el teatro, y amante de la cultura helenística, se convirtió en todo un mecenas. Además, recibió consejo y educación por parte de uno de los más reputados sabios de la historia, el genial orador y filósofo Séneca. Nadie podía aventurar el destino de aquel emperador brillante y lleno de ímpetu.

Pero tras esa imagen inmaculada, en la vida privada el brillo de Nerón se apagaba. Oculta a la sociedad, su cara más enfermiza tomaba cada vez más fuerza. Su madre, Agripina, con quien mantenía una relación incestuosa, ejercía una enorme influencia sobre él. Distintas obsesiones, como su ardiente deseo de triunfar artísticamente y el pánico a que apareciera algún pretendiente al trono que pudiera conspirar contra él y derrocarle, mermaban una mente cada vez más atormentada. Atormentada, dividida y confusa, entre sus maestros, con Séneca a la cabeza, y su madre, en dos frentes enemistados e irreconciliables.

Fue esta lucha interna por manejar el destino del César entre Séneca y Agripina, sumada a algunas frustraciones artísticas y amorosas, la mezcla de factores que terminaron por transformarlo, liberando el mal que poseía en su interior. El miedo se volvió odio; la paz, violencia; la humildad, opulencia; todas las cualidades de Nerón desaparecieron. Su único objetivo era el de satisfacer plenamente todos sus deseos, y esos deseos se veían frenados constantemente por Agripina, manipuladora con su hijo del mismo modo que con su tío años atrás. El año 59 d.C. Nerón mandó a su madre a descansar a un balneario. Durante el viaje, en una lujosa embarcación, se provocaría un naufragio que debía aparentar ser un accidente. Pero, contra el pronóstico de Nerón, ella sobrevivió. Aterrado a las consecuencias que podría tener este hecho para su imagen, se decidió por mandar que la apuñalaran a sangre fría antes de que corriera la voz. Cuando los sicarios cumplieron su cometido, Nerón consumó por vez última su terrible incesto. Tras violar el cadáver de su madre, bebió junta a ella triunfante tras librarse de su cada vez más odiada progenitora.

A partir de entonces, la muerte se convirtió en algo habitual en la corte y el entorno del emperador. Un comentario desagradable sobre las cualidades artísticas del César significaba la muerte más cruel. Y la sombra de la muerte se extendió a todos los ámbitos del imperio, mientras el monarca derrochaba su fortuna a imagen y semejanza de un dios Baco carnal, en fiestas y orgías de proporciones descomunales. A nada hacía ascos, y todo lo quería en grandes cantidades. El deseo del César era irrefrenable en cuanto a los placeres de la carne.

Y fue en esta fase de locura y libertinaje sin barreras cuando se produjo el hecho más famoso de la biofrafía de este singular personaje, el incendio de la ciudad de Roma. El 18 de julio del año 64 d.C. buena parte de Roma ardió ante la pasividad de las autoridades. No es cierto que las llamas formaran parte de un plan de Nerón, y no es suya la responsabilidad de los hechos. Lo que sí es cierto es que, viendo que el pueblo tenía los ánimos encendidos y exigía responsabilidades, decidió culpar a los cristianos, y su castigo fue ejemplar. Miles de inocentes pagaron muy cara la cobardía del emperador; el fuego y las fieras devoraron sus vidas de forma trágica.

Los últimos años de la vida de Nerón fueron convulsos. Mandó la muerte de sus consejeros y hombres de confianza, incluido Séneca. También mandó matar a varias de sus amantes y básicamente a cualquier persona que pudiera influir en él o conspirar de algún modo contra su persona. Cientos de personas murieron asesinadas por órdenes de un hombre que vivía entre el miedo y la desesperación. Las posibles conspiraciones contra su vida centraban todos sus pensamientos, aniquilando a todo aquel que pudiera representar una amenaza, por pequeña que fuera. En estos años se cumplieron las terribles palabras proféticas que pronunció su padre antes de su nacimiento: "Nada puede haber nacido de mí y de Agripina que no sea nocivo y detestable para el estado".

El derroche absoluto, el dramatismo y la sinrazón se hicieron dueños absolutos de una situación que la poderosa aristocracia romana, cada vez más diezmada por los crímenes imperiales, no podía permitir. Finalmente, el 5 de junio del año 68 d.C., el Senado mandó la destitución de Nerón, algo inaudito hasta entonces. Nerón se vio envuelto por el pánico más absoluto, y anque pidió ayuda a sus sirvientes y hombres más cercanos, nadie quiso prestarle ayuda. Ahora se encontraba solo, amenazado y aterrado. Pasada la medianoche, tras huir de la ciudad, terminó por darse muerte apuñalándose en la garganta con la ayuda de un sirviente. Era tan grande el amor por sí mismo de Nerón, que él sólo jamás habría podido suicidarse.

"¡Qué gran artista muere conmigo!". Esta fue la última frase pronunciada por una de las figuras más oscuras y de mayor controversia de la historia. Ha sido un personaje denostado por la historia, aquella que, especialmente para sus contemporáneos, habría preferido que el nombre de Nerón no hubiera existido jamás.

Publicado por Alex a las 9:45 PM | Comentarios (3) | TrackBack

Septiembre 21, 2005

Nerón

El déspota, el cruel, el necio... muchos adjetivos sirven para calificar al que está considerado como uno de los peores emperadores de la historia de Roma, Nerón. Ejemplo de todos los males de la capital imperial, el reinado de Nerón fue un ejemplo de derroche, fastuosidad y una crueldad dignas de un ser desalmado. La semilla del mal que Nerón pareció heredar de su madre, Agripina, murió con él. Su estirpe se extinguió con su muerte, que, como no podía ser de otra forma en un personaje de su extravagancia, se produjo por suicidio. Pero, hasta entonces, hay una larga historia que explicar...

Lucio Domicio Ahenobarbo, pues ése era su nombre original, nació el año 37 d.C. En el contexto del reinado de Calígula, al pertenecer a una poderosa familia, la muerte de su padre supuso que la familia de Nerón fuera desposeída de todos sus bienes, que pasaron a formar parte de las incalculables riquezas del crudelísimo Calígula. Pero el destino sonrió a Lucio Domicio por partida doble durante su infancia. El año 41 d.C. moría asesinado Calígula, y el tío de éste, Claudio, ascendió al trono. Justo y conciliador, el nuevo emperador restituyó todas sus pertenencias a la familia del futuro Nerón. Justo y conciliador, sí, pero al mismo tiempo terriblemente débil, un defecto que Claudio pagaría a un alto precio. Fue conquistado y dominado por Agripina, quien no sólo le utilizó para eliminar a sus enemigos, sino que, tras casarse con él, quiso asegurarse de que su hijo sería el futuro César.

En el instante en que se produjo la boda entre Claudio y Agripina -que eran tío y sobrina-, Nerón se convirtió en hijo adoptivo del emperador, y por tanto, candidato al trono. Agripina manejó a su antojo al monarca, quebró su voluntad y cuando lo creyó oportuno, concluyó su trama envenenándolo y forzando la entronización de Lucio Domicio, conocido desde entonces como Nerón. Todo ocurrió el año 54 d.C. La conspiración de Agripina dio lugar a la muerte de un emperador genial, y propició la llegada de las sombras en el trono de la capital del mundo. Catorce años duró su reinado, un período marcado por la oscuridad surgida de la mente de un joven. Nerón, ambicioso y vehemente, fue nombrado César con sólo 16 años.

Pero en el inicio de su reinado, Nerón se mostró como un ejemplo de honestidad, responsabilidad y humildad, llegando a bajar los impuestos y repartiendo comida entre el pueblo. Incluso prohibió que los gladiadores pelearan a muerte en el circo. Sin duda, no es ésta la imagen que tenemos hoy de Nerón. Defensor a ultranza de las artes, especialmente de la música, la poesía y el teatro, y amante de la cultura helenística, se convirtió en todo un mecenas. Además, recibió consejo y educación por parte de uno de los más reputados sabios de la historia, el genial orador y filósofo Séneca. Nadie podía aventurar el destino de aquel emperador brillante y lleno de ímpetu.

Pero tras esa imagen inmaculada, en la vida privada el brillo de Nerón se apagaba. Oculta a la sociedad, su cara más enfermiza tomaba cada vez más fuerza. Su madre, Agripina, con quien mantenía una relación incestuosa, ejercía una enorme influencia sobre él. Distintas obsesiones, como su ardiente deseo de triunfar artísticamente y el pánico a que apareciera algún pretendiente al trono que pudiera conspirar contra él y derrocarle, mermaban una mente cada vez más atormentada. Atormentada, dividida y confusa, entre sus maestros, con Séneca a la cabeza, y su madre, en dos frentes enemistados e irreconciliables.

Fue esta lucha interna por manejar el destino del César entre Séneca y Agripina, sumada a algunas frustraciones artísticas y amorosas, la mezcla de factores que terminaron por transformarlo, liberando el mal que poseía en su interior. El miedo se volvió odio; la paz, violencia; la humildad, opulencia; todas las cualidades de Nerón desaparecieron. Su único objetivo era el de satisfacer plenamente todos sus deseos, y esos deseos se veían frenados constantemente por Agripina, manipuladora con su hijo del mismo modo que con su tío años atrás.

El año 59 d.C. Nerón mandó a su madre a descansar a un balneario. Durante el viaje, en una lujosa embarcación, se provocaría un naufragio que debía aparentar ser un accidente. Pero, contra el pronóstico de Nerón, ella sobrevivió. Aterrado a las consecuencias que podría tener este hecho para su imagen, se decidió por mandar que la apuñalaran a sangre fría antes de que corriera la voz. Cuando los sicarios cumplieron su cometido, Nerón consumó por vez última su terrible incesto. Tras violar el cadáver de su madre, bebió junta a ella triunfante tras librarse de su cada vez más odiada progenitora.

A partir de entonces, la muerte se convirtió en algo habitual en la corte y el entorno del emperador. Un comentario desagradable sobre las cualidades artísticas del César significaba la muerte más cruel. Y la sombra de la muerte se extendió a todos los ámbitos del imperio, mientras el monarca derrochaba su fortuna a imagen y semejanza de un dios Baco carnal, en fiestas y orgías de proporciones descomunales. A nada hacía ascos, y todo lo quería en grandes cantidades. El deseo del César era irrefrenable en cuanto a los placeres de la carne.

Y fue en esta fase de locura y libertinaje sin barreras cuando se produjo el hecho más famoso de la biofrafía de este singular personaje, el incendio de la ciudad de Roma. El 18 de julio del año 64 d.C. buena parte de Roma ardió ante la pasividad de las autoridades. No es cierto que las llamas formaran parte de un plan de Nerón, y no es suya la responsabilidad de los hechos. Lo que sí es cierto es que, viendo que el pueblo tenía los ánimos encendidos y exigía responsabilidades, decidió culpar a los cristianos, y su castigo fue ejemplar. Miles de inocentes pagaron muy cara la cobardía del emperador; el fuego y las fieras devoraron sus vidas de forma trágica.

Los últimos años de la vida de Nerón fueron convulsos. Mandó la muerte de sus consejeros y hombres de confianza, incluido Séneca. También mandó matar a varias de sus amantes y básicamente a cualquier persona que pudiera influir en él o conspirar de algún modo contra su persona. Cientos de personas murieron asesinadas por órdenes de un hombre que vivía entre el miedo y la desesperación. Las posibles conspiraciones contra su vida centraban todos sus pensamientos, aniquilando a todo aquel que pudiera representar una amenaza, por pequeña que fuera. En estos años se cumplieron las terribles palabras proféticas que pronunció su padre antes de su nacimiento: ''Nada puede haber nacido de mí y de Agripina que no sea nocivo y detestable para el estado''.

El derroche absoluto, el dramatismo y la sinrazón se hicieron dueños absolutos de una situación que la poderosa aristocracia romana, cada vez más diezmada por los crímenes imperiales, no podía permitir. Finalmente, el 5 de junio del año 68 d.C., el Senado mandó la destitución de Nerón, algo inaudito hasta entonces. Nerón se vio envuelto por el pánico más absoluto, y anque pidió ayuda a sus sirvientes y hombres más cercanos, nadie quiso prestarle socorrerle. Ahora se encontraba solo, amenazado y aterrado. Pasada la medianoche, tras huir de la ciudad, terminó por darse muerte apuñalándose en la garganta con la ayuda de un sirviente. Era tan grande el amor por sí mismo de Nerón, que él sólo jamás habría podido suicidarse.

''¡Qué gran artista muere conmigo!''. Esta fue la última frase pronunciada por una de las figuras más oscuras y de mayor controversia de la historia. Ha sido un personaje denostado por la historia, aquella que, especialmente para sus contemporáneos, habría preferido que el nombre de Nerón no hubiera existido jamás.


Para más información:

http://www.artehistoria.com

http://www.tesorillo.com/altoimperio/neron/1neron.htm

http://www.iea.gob.mx/efemerides/efemerides/biogra/neron.html

Publicado por Alex a las 9:20 PM | TrackBack

Agosto 17, 2005

Claudio, gloria y desgracia


La historia nos ha legado un sinfín de grandes personajes. Por su grandeza o por su maldad, por valores positivos o negativos, siempre hay un nombre que encarna cada adjetivo, cada valor, cada expresión. Si tuviéramos que elegir a una persona como símbolo histórico de la superación ante la adversidad, de supervivencia en el entorno más hostil, de increíble capacidad de perdonar y de humildad en la grandeza, sólo hay un nombre que pueda adaptarse a la perfección: Claudio.

Durante los trece años de su glorioso reinado fue el hombre más poderoso del mundo occidental, quien decidía el devenir de Europa, Oriente Próximo y el norte de África. El hombre que aunaba ese enorme poder no era un guerrero, hasta entonces no había destacado en la política romana y nunca había ocupado ningún puesto de relevancia en ningún sentido. Hasta el mismo momento de su coronación su vida fue tan oscura como el reinado de Calígula, su sobrino e inmediato antecesor.

Claudio era cojo, feo, débil, tartamudo, padecía cierta sordera, sufría una serie de tics que derivaban en extraños movimientos de cabeza, además de una parálisis parcial que incluso provocaba que se le cayera la baba. Es curioso que Claudio, en latín, significa ‘cojo’. Por si fuese poco, tenía multitud de problemas óseos, y sufría unas digestiones tan dolorosas que le resultaban casi insoportables. Llegó a pensar varias veces en suicidarse para dejar de sufrir sus terribles males. La elite social romana no aceptaba estas taras. Esa sociedad podrida, entregada únicamente a la consecución de una bella fachada, condenó a Claudio a la más absoluta marginación.

‘Claudio es un engendro, una caricatura de hombre, un aborto que la naturaleza ha creado antes de concluirlo’. Con estos términos se refería a él su propia madre. Más allá iba su abuela, quien no soportaba tenerlo ante su presencia. Llegó al grado de no dirigirle la palabra, como si el aspecto externo de su nieto fuese una deshonra y un motivo de vergüenza para ella. Las pocas veces que tenía que comunicarse con él por cualquier motivo lo hacía mediante notas que hacía llegar ante un mensajero. Odiaba verlo, y siempre que pudo lo evitó.

Cuando el joven Claudio cumplió la mayoría de edad no gozó de festejos públicos y fastos varios como el resto de jóvenes de buena familia. No hubo muestras de júbilo ni actos solemnes; no para Claudio. Fue llevado al Capitolio en el secreto de la noche para evitar que fuera visto en público y ahorrarse así la vergüenza para la familia. Pasó su juventud recluido en palacio, dedicado al estudio, entregado a la cultura.

Pero por desgracia, y finalmente para fortuna de Claudio, su vida se vio terriblemente marcada por su sobrino, el emperador Calígula, quien disfrutaba insultándole y humillándole en cualquier momento del día. Le hacía llamar sólo para este fin, a modo de tortura psicológica diaria y también para minimizar sus propios defectos. Cuando Calígula tenía invitados, les animaba para que ellos también tomasen parte en la humillación constante de su tío.

Calígula eliminó a todos aquellos que pudiesen representar una mínima amenaza para su poder, especialmente a su familia más directa, aquella que podía arrebatarle el trono. Pero Claudio era un entretenimiento tan grande para él que no le mató. Calígula no iba a privarse de ocupar sus horas de ocio en insultar y ridiculizar (hasta el punto de mandar que lo arrojaran a un río tras llegar Claudio a Germania para felicitar a Calígula tras desbaratar una conspiración) a aquel pobre diablo a quien consideraba retrasado. Aquellos años infernales, sin embargo, fueron la clave para la posterior gloria de Claudio.

Cuando la guardia pretoriana, harta de los abusos del emperador, se decidió a asesinarle, reinó el caos en palacio. Un soldado notó que alguien se escondía tras una cortina. Allí encontró a Claudio, agazapado, llorando de pánico. Se arrodilló ante el soldado, se tiró a sus pies entre llantos, rogando patéticamente por su vida, pidiendo la clemencia que nadie tuvo jamás con él. El pretoriano, de pie frente a él, le saludó como a un emperador; todos los hicieron, y al día siguiente Claudio fue nombrado públicamente emperador de Roma. A la postre, era el único familiar directo de Calígula que podía acceder al trono, pues todos los demás habían sido asesinados.

Como emperador no quiso títulos ni honores, aunque sí honró con ellos a sus padres, a su hermano e incluso a su abuela. Mejoró la burocracia del estado, creando algo parecido a los ministerios actuales, buscó siempre la paz y brilló en sus campañas, conquistando Britania, Iridia y Tracia, y pacificando revueltas en Mauritania y en las fronteras con los pueblos germánicos y oriente. Amnistió a cientos de personas caídas en desgracia durante el reinado del terror de Calígula, realizó grandes obras públicas, impulsó la romanización de las colonias, introdujo a personal eficaz en cargos de responsabilidad, aunque fueran de origen humilde, extranjeros o incluso antiguos esclavos. Censó por primera vez la población del imperio, limpió el senado de infames, honró a los dioses, resguardó las antiguas tradiciones y dedicó grandes esfuerzos en mejorar el abastecimiento de alimentos de Roma.

Ejerció un gobierno ejemplar, pero nunca logró gobernar a ninguna de sus dos esposas, que se aprovecharon de él y utilizaron su posición para eliminar gente de su camino. Ambas trataron de asesinarlo para usurpar el poder, y la segunda de ellas lo logró.

Su primera esposa fue Mesalina, treinta y cinco años más joven que él. Se dedicó a destruir la carrera de sus enemigos, logrando incluso el destierro de Séneca. Durante mucho tiempo se movió por los mejores prostíbulos de Roma, y no precisamente como clienta. Llegó a retar a las mejores prostitutas en un reto peculiar, el de ver quién podía acostarse con más hombres en un día. Mesalina venció a todas, tras acostarse con 25 hombres en 24 horas. Más tarde, conpiró junto a su amante para acabar con Claudio, pero fueron descubiertos y ejecutados.

Su segunda esposa fue su prima Agripina, quien le sedujo con el objetivo de acabar con él y llevar al trono a su hijo, cuyo nombre ha sido recordado hasta nuestros días como maldito: Nerón. Manejó a Claudio, intentó acabar con sus hombres de confianza, logró condenas e incluso ejecuciones de importantes senadores, se enriqueció y afianzó la posición de Nerón como heredero al trono del imperio. Lo que no sabía Agripina es que su propio hijo acabaría con ella cuatro años después de deshacerse de Claudio.

Llegó un momento en que Claudio tuvo que pensar en parar los pies a su esposa, pero ella, conociendo este hecho, se afanó en su trama. Ejecutó sus planes con la colaboración del catador y el médico de Claudio, y le sirvió un plato de setas envenenadas. Siendo insuficiente, el médico Jenofonte pinchó al maltrecho emperador con una pluma impregnada de otro poderoso veneno.

Así fue como murió, el año 54 d.C. el gran emperador Claudio, y con él fuera de escena Agripina pudo apartar del poder a los hijos de éste e imponer a Nerón como nuevo emperador de la práctica totalidad del mundo conocido en tiempos de Roma.

Estas fueron la desgracia y la gloria, expuestas siempre al extremo, de Claudio Nerón Druso Germánico, conocido en la historia como Claudio, uno de los más notables mandatarios de la época imperial de Roma.

Para saber más:

http://www.tesorillo.com/altoimperio/claudio/1claudio.htm

http://www.culturaclasica.com/biografias/claudio.htm

http://www.geocities.com/nrhispania/Bibliotheca/Tiberio.htm

Publicado por alexmetal a las 9:49 PM | TrackBack

Agosto 6, 2005

60 años de la bomba nuclear

Ando despistao con el verano y se me ha pasado el artículo que quería preparar sobre el tema, pero he encontrado que Yonderboy cuenta en Barrapunto :


"El 6 de agosto de 1945 a las 8.15 de la mañana, el ejército estadounidense lanzó la primera bomba atómica contra objetivos civiles, en la ciudad de Hiroshima, al oeste de Japón. No hubo tiempo para huir: 120.000 personas murieron en el acto y otras decenas de miles murieron antes de acabar el año. Gran parte de Hiroshima quedó borrada del mapa. Sesenta años después, las bombas atómicas continúan matando en silencio, pues continúan restos de radiación. Entre muchos otros medios, la BBC ha preparado un especial, que incluye imágenes, vídeos y grabaciones de audio de la época e incluso testimonios de supervivientes, que temen que aquello caiga en el olvido cuando los últimos hibakusha desaparezcan y que la tragedia pueda volver a repetirse. Entre las grabaciones, el mensaje que Albert Einstein envió por televisión en 1950 a los estadounidenses (transcripción), cuestionando la idea de alcanzar la seguridad mediante el rearme y la amenaza nuclear."

Esto me recuerda también una entrevista a Eiji Nakanishi, un ‘hibakusha’, superviviente del ataque nuclear sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Ha dedicado su vida a mantener fresco el recuerdo de los bombardeos de EE UU.

Publicado por Yeray a las 5:56 PM | TrackBack

Agosto 3, 2005

Calígula y el imperio del terror


Durante su historia, Roma se convirtió en el mayor imperio de occidente. Lo hizo, sin duda, gracias a la existencia de una serie de grandes gobernantes cuya acción culminó en el Imperio romano, uno de los mayores y más poderosos imperios de la historia.

Sin embargo, también tuvo páginas negras en su historia. El reinado de Calígula es un buen ejemplo. Déspota, cruel, necio… ha sido recordado como un gran loco, un asesino despiadado; uno de los peores emperadores de la historia de Roma.

‘Que me odien, con tal de que me teman’, ésta era la máxima del emperador. Hablaba con los dioses, y al mismo Júpiter le decía: ‘súbeme, o te hundiré’. También hablaba con la Luna, incluso le daba consejos. Su nombre era Cayo Julio César, aunque ha pasado a la historia como Calígula.

Con sólo tres años, su padre, un gran general germano, se acompañaba del pequeño Cayo para pasar revista a las tropas. Hizo un traje igual que el suyo para el niño, un pequeño traje de general romano para un infante de tres años. Calígula es el diminutivo de las sandalias romanas, las que llevaba el pequeño Cayo César cuando estaba con las tropas.

Era un hombre feo, débil, lánguido, alto y muy delgado, con todo el cuerpo peludo y además aquejado por la calvicie. Era receloso con todo el mundo y estaba avergonzado de sus defectos físicos. De hecho, 'César' significa 'cabellera'. Calígula odiaba su aspecto físico, y no sólo eso, odiaba a toda la humanidad.

Ya de joven se vestía como el populacho y era un habitual visitante de los prostíbulos. Le daba igual acompañarse con hombres o con mujeres, lo realmente importante para él era disfrutar del sexo con violencia; agrediendo, torturando… mostraba fielmente lo que sería su reinado. El dolor ajeno le causaba placer, disfrutaba con el sufrimiento de los demás. Siendo emperador, cuando torturaba a sus enemigos, siempre se dirigía al verdugo diciendo: ‘hiérele, hiérele y haz sentir la muerte en él’.

Se casó 5 veces, una de ellas en secreto con su propia hermana. Dos de sus esposas fueron inmediatamente repudiadas y otra murió durante un parto. La cuarta esposa, Milona, se casó con él estando embarazada de ocho meses, y su hija no era de Calígula. Sin embargo, él la trató como si fuese suya. Le encantó esa niña al observar que la pequeña disfrutaba arañando los ojos de los otros bebés. De inmediato la quiso como suya.

En el año 37 el emperador Tiberio entró en coma tras una gran orgía. Ante la muerte del gobernante quedaba como heredero Calígula, su hijo adoptivo. Los legionarios querían que Calígula fuese emperador recordando la figura de su padre, un querido y genial general.

Y aquí entramos en la leyenda, porque cuando Calígula estaba a punto de ser nombrado emperador, Tiberio inició una leve recuperación. Aprovechando que estaba todavía débil y en la cama, hay quien dice que Calígula ordenó su asesinato, y otros aseguran que fue él mismo quien estranguló a su antecesor. Sea como fuere acabó con él. El mismo Tiberio aseguró en una ocasión haber educado a Calígula para destruir al pueblo romano.

Con 24 años Calígula fue nombrado emperador, y así empezó un período de 3 años, 10 meses y 8 días conocidos como ‘El imperio del terror’. Borracho de poder, creyó ser Dios. Todos los césares habían sido nombrados dioses tras su muerte, pero él quiso serlo en vida. Sin duda iba a tratarse de un Dios cruel y nefasto para los ciudadanos de Roma.

Aunque el inicio de su reinado fue bastante tranquilo, algunos meses más tarde, sin saber por qué, entró en una grave crisis. Terribles temblores, mirada fijada en el infinito completamente desenfocada, espuma saliendo a borbotones de la boca… Calígula sufría epilepsia, una enfermedad bastante incomprendida en su época. Muchos creían que el joven emperador estaba a punto de morir. Hasta ese momento su gobierno no era desastroso, incluso había gobernado bien. Se baraja la opción de la encefalitis, de la esquizofrenia y sobre todo de la epilepsia lobulotemporal. Los síntomas de esta última son similares a la esquizofrenia, y la sufrió de por vida. Tras cada ataque era más cruel. No dormía, sólo a veces 3 horas al día en las que su fanática mente no creaba más que terribles pesadillas. Sólo veía monstruosos seres que le pedían que siguiera matando.

Calígula envidiaba por su fealdad y su calvicie a todos aquellos hombres que tuvieran una poblada melena. Cuando se cruzaba a alguno por la calle ordenaba inmediatamente que lo rapasen. Prohibió bajo pena de muerte la palabra ‘cabra’, porque creía que se parecía a ellas. Peludas y patilargas… si alguien pronunciaba la palabra cabra en su presencia era ejecutado de inmediato.

Gastó todo el tesoro de Roma en un solo año. Hasta tres mil millones de sestercios en un solo año. Sus excesos eran increíbles; mandó construir un barco con incrustaciones de piedras preciosas para sus paseos. Uno de sus vicios era ingerir perlas. Las disolvía en vinagre y se las bebía.

Para su caballo Incitatus ordenó construir un establo de mármol con un pesebre de marfil. El animal también fue dotado de grandes joyas. Lo nombró senador en un arranque de locura. Esta es una de las excentricidades más conocidas de Calígula, pero no es de las mayores.

Al quedarse sin dinero hizo que las prostitutas pagasen impuestos, pero fue más allá. Creó un prostíbulo en palacio, así que no cobraba impuestos porque él era el dueño del negocio.

En su locura, cada vez que alguien se enriquecía más de lo normal, cada vez que detectaba una gran fortuna, Calígula ordenaba al millonario que lo nombrase su heredero. Cuando alguien nombraba heredero al emperador, no vivía muchos días más desde ese nombramiento, de hecho todos morían de forma inusualmente rápida. Calígula los mandaba asesinar y así todas las fortunas de Roma fueron a parar a sus bolsillos. En Roma el pánico invadía la ciudad, nadie sabía hasta dónde llegaría el demente imperator.

Para comer sus grandes manjares, traía presos sucios y hambrientos para poder reírse de ellos mientras él devoraba exquisiteces. Pero disfrutaba más con otros métodos... Eran muy comunes las decapitaciones durantes las comidas, de hecho se producían casi a diario para júbilo del loco dictador. En una ocasión, mientras comía, hizo cortar las manos de un recluso, y con ellas mandó fabricar con la mayor rapidez una especie de collar o colgante para el mismo preso. Lo hizo pasear ante su mesa mientras se desangraba hasta la muerte.

Pero no sólo disfrutaba durante las comidas. Como ya he dicho, Calígula disfrutaba con el sexo. Le gustaba especialmente practicarlo delante del verdugo y el torturado. También le encantaba deshacer bodas. El día del enlace aparecía de repente y se apropiaba de la mujer. Si durante un banquete se fijaba en la mujer de algún invitado, la señalaba y se iba a sus aposentos con ella. Si no le complacía lo suficiente ordenaba que se divorciase inmediatamente de su marido.

Calígula se fijó en su hermana Drusila y concibió un hijo con ella. De hecho, Calígula mantuvo sexo con sus tres hermanas. A dos de ellas las aprisionó, pero se enamoró de Drusila y se casó mediante el rito Tolemaico egipcio, el único que permitía el incesto y tenía una aceptación elevada entre el pueblo romano.

Y nuevamente la locura de Calígula fue demasiado fuerte. Además de epilepsia, sufría importantes ataques de ansiedad. En uno de esos ataques, loco por saber cómo sería su hijo, abrió el vientre de su hermana, embarazada de ocho meses y extrajo el feto de su hijo. Así fue el fin de Drusila y su hijo. Definivamente la cordura había abandonado al emperador.

Quienes más lo sufrieron fueron sus propios familiares. Calígula no quería que nadie pudiese hacerle sombra, no estaba dispuesto a permitir que algún posible sucesor o candidato al trono pudiese conspirar contra él, así que se dedicó a eliminar a todos los miembros de su familia que considerase potencialmente peligrosos.

Era costumbre en Roma saludar al emperador diciendo: ‘yo por ti, emperador, daría mi vida en el circo’. Hasta aquel momento no era más que una cuestión de educación y protocolo, lo que llmaríamos una fórmula de cortesía, pero con Calígula dejó de serlo, porque en muchas ocasiones Calígula tomaba la palabra y enviaba al circo a quien le dijese esa frase. Nobles, generales, aristócratas… acababan en la arena del circo por este motivo. Y es que Calígula disfrutaba enviando a las personalidades del Imperio a las minas, al circo, a construir calzadas… era todo un divertimento para él.

Una de sus distracciones en el circo era, con la llegada del verano y los días más calurosos, la retirada del toldo que protegía al público del Sol. Así se deleitaba viendo las insolaciones e incluso cómo algunos cuerpos desmayados caían a la arena. También se divertía tirando joyas al público para provocar avalanchas que acababan con decenas de muertos. Especialmente las tiraba entre los senadores, para que la masa humana los devorase y muriesen aplastados.

Ordenó erigir una gran estatua en su honor y mandó que la vistiesen cada día del mismo modo que él bajo pena de muerte para los obreros si no cumplían sus órdenes a la perfección. Cada día el emperador se cercioraba de que efectivamente se cumpliera su mandato.

En la inauguración de un puente invitó a las personalidades más relevantes de la ciudad a subir a su barco. Cuando estaba en mitad del río, ordenó a los soldados que los lanzasen al agua. Muchos murieron ahogados, y Calígula ordenó que golpeasen con los remos a quienes intentasen volver a subir. Cientos de personas murieron, la mayor parte de ellas altos cargos políticos. Durante sus 46 meses de reinado fueron asesinadas miles y miles de personas.

Su única campaña militar fue un teatro. No tuvo valor para combatir a los germanos y britanos. Capturó algunos galos y los disfrazó como germanos. El hijo del gran general Germánico era un desastre, una vergüenza. Volvió con más odio que nunca, ejecutando y torturando en tal medida que la guardia pretoriana no pudo soportarlo más. La propia guardia que debía protegerle se conjuró contra él.

Con 28 años y decenas de miles de víctimas a sus espaldas, Calígula fue asesinado. Hasta 30 veces fue apuñalado por la guardia pretoriana. Todos gritaron ‘dale una vez más’, una de las frases favoritas de Calígula en el circo.

Finalmente Calígula murió, y acto seguido los pretorianos mataron a su última mujer y su hijo. No quedando sucesores claros, la guardia pretoriana buscó a un sucesor, y el mejor de todos fue Claudio, el tío de Calígula. Lo hallaron llorando escondido en un rincón, intentando salvar su vida. No sólo la salvó, sino que se convirtió en el hombre más poderoso del planeta y en uno de los mejores emperadores de la historia.

¿Y por qué Claudio? Si Calígula había exterminado a cualquiera que pudiese sucederle, ¿por qué Claudio, siendo su tío, se mantenía con vida? De toda la dinastía Julia-Claudia era el único superviviente, y estaba vivo porque divertía a Calígula. Era continuamente humillado porque era feo, cojo, medio sordo, tartamudo, tenía tics, continuamente se le caía la baba sin que pudiese evitarlo… a Calígula le encantaba reírse de él a carcajadas, y por ese motivo Claudio se mantuvo con vida en el infierno romano creado por el nefasto y cruel Calígula. Durante más de tres años Claudio fue humillado casi a diario por Calígula, quien disfrutaba enormemente al sentirse físicamente superior. El infierno para Claudio dejó paso al reinado más glorioso que jamás hubiese podido imaginar.

Más información en:

http://www.portalplanetasedna.com.ar/emperador02.htm

http://www.rebelion.org/dieterich/170303dieterich.htm

http://www.tesorillo.com/altoimperio/caligula/1caligula.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Cal%C3%ADgula

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Julio 18, 2005

La historia del Barón Rojo

Nació el 2 de mayo de 1892 en la capital de Silesia, Breslau, ciudad perteneciente a Prusia Oriental entonces y que hoy en día se encuentra en Polonia. Perteneciente a la alta aristocracia, su padre había sido un importante oficial de caballería. Él y su hermano Lothar lograrían la gloria cabalgando pájaros de acero en una guerra cruel.

Ambos soñaban con el honor que todavía podía lograrse en la I Guerra Mundial, quizá la última guerra romántica de la historia, donde los valores caballerescos todavía estaban vivos. En 1909 Manfred se alistó al ejército imperial, y en 1912 ya era teniente del primer regimiento de Ulanos (el mismo contingente en el que combatió su padre).

Cuando estalló la I Guerra Mundial, combatió en la caballería e incluso fue condecorado con la Cruz de Hierro de segunda clase. Pero, ¿qué sentido tenía ya la caballería? La mayor guerra de la historia (hasta ese momento) se caracterizó por una gran mortalidad, cuya causa principal era una curiosa dualidad: armas modernas y tácticas militares antiguas. En las trincheras, los grandes cuadros de infantería avanzaban lentamente ante una ametralladora que a base de ráfagas sesgaba rápidamente la vida de los soldados.

Ante esta situación, la adaptación de las tácticas militares al nuevo armamento era clave. La caballería había dicho adiós a su preeminencia, que había durado siglos. Era el momento de las máquinas, el momento en que el hombre multiplicó su capacidad de matar hasta límites nunca conocidos. El romanticismo de la guerra había finalizado, los últimos caballeros lucharon y murieron entre 1914 y 1918. Como apunte, durante esta guerra murieron menos del 10% de los rehenes. En la Segunda Guerra Mundial millones de prisioneros fueron ejecutados. El honor fue sustuido por el ansia de matar en muy pocos años.

Ante un horizonte incierto para los jinetes de principios del siglo XX, Manfred vio en la aviación la nueva montura moderna. Los héroes estaban volando por encima de los soldados de infantería, saldando sus combates sobre los cielos como si de justas medievales se tratara. En 1915 pidió su ingreso en la aviación, estrenándose meses después en el frente Oriental en labores de espionaje.

La aviación tenía dos usos básicamente: realizar observaciones sobre las posiciones enemigas en el frente y combatir. Como el futuro Barón Rojo no destacó por su pericia en la academia, fue destinado a fotografiar las posiciones rivales. No era una tarea especialmente agradecida, pero siempre era mejor que combatir en las trincheras, entre el barro y el frío, y la constante exposición a las ametralladores del frente rival.

La vida del héroe dio un giro radical en 1916, cuando coincidió casualmente con Oswald Boecke, máxima autoridad alemana en el campo de la aviación. Éste le convenció para que se uniese a los suyos con un caza Albatros. De esta forma el joven von Richthofen pasaría a pilotar un caza y a enfrentarse por fin a los pilotos franceses e ingleses en Europa occidental. Durante todo ese año Manfred acompañó a Boecke en su escuadrón, siendo su protegido pese a un inicio un tanto irregular que meses después, con la experiencia suficiente, fue sustituida por la brillantez más absoluta.

Pero en octubre falleció Boecke, el máximo exponente de la aviación alemana hasta aquel momento. Tenía en su haber 40 victorias (derribos), y Manfred juró que alcanzaría esa cifra (tenía 10 derribos en ese instante). Alemania necesitaba sustituir a su héroe, necesitaba a un nuevo piloto que arropase con su carisma al resto de sus compañeros. Ese héroe sería Manfred von Richthofen, quien pocos días después de la muerte de su amigo logró derribar al indiscutible monstruo de los cielos inglés, el piloto Lanoe Hawker. El futuro Barón Rojo estaba empezando a ser muy conocido, y su fama se acrecentó en apenas dos meses, cuando recibió la Cruz por el Mérito tras su décimosexto derribo.

En ese instante era el número uno. No porque lo hubiese sido realmente durante toda la guerra, sino porque el resto de grandes pilotos alemanes ya habían fallecido en combate. Le asignaron el mando de la escuadrilla Jasta 11, una de las peores en cuanto a historial se refiere, pero todo cambió con su llegada. Este instante, iniciándose 1917, da lugar al mito. Ahora nace el Barón Rojo, cuando, conocedor de la poca valía de su división, decide pintar de rojo su propio avión. Ahora serán respetados, ahora serán temidos; el Barón Rojo está con ellos. Consigue inculcar ánimo y valor a sus hombres, y su escuadrilla se vuelca con el joven líder alemán.


La Jasta 11 dirigida por Manfred

Manfred era un hombre tímido, callado... pero todo cambiaba cuando tomaba los mandos de su avión. El caza Albatros transformaba a un hombre con sed de aventuras, con un objetivo muy claro: vencer. Se dice que su mirada cambiaba, sus ojos se encendían. El Barón Rojo dominó los cielos europeos durante meses, derrotando a todo aquel que osara interponerse en su camino. Nada ni nadie parecía capaz de detenerle, y supo contagiar a sus compañeros de ese heroísmo que parecía rodearle cuando se alzaba del suelo en busca de nuevas victorias.

La revolución en su escuadrilla fue total. La Jasta 11, compuesta por 14 aviones, se mostró cada vez más letal. Sus enemigos la temían, y ante el halo de heroísmo que empezaba a cubrir no sólo a su líder, sino a toda la escuadra, Gran Bretaña ofreció 5000 libras a quien derribara al Barón. Pero eso no iba a ser sencillo, por supuesto. Todos los pilotos de la Jasta 11, temiendo que los pilotos franceses y británicos fueran a la caza del su 'Kommandeur', pintaron sus aviones de color púrpura. El desconcierto era absoluto entre sus enemigos, que caían uno tras otro haciendo más grande si cabe la leyenda del alemán, que apenas contaba con 25 años de edad.

Temido y respetado, el Barón Rojo destacó también por el amable trato que recibieron sus prisioneros. Ninguno de ellos fue maltratado ni vejado. Fue admirado incluso por sus enemigos, hecho que engrandece todavía más su figura. Era un caballero del siglo XX, un héroe a la antigua en un mundo el que cada vez había menos sitio para ellos. En las sucesivas guerras, la barbarie se apoderó del ser humano. La figura del caballero, del honor, de la lealtad... murieron en buena parte con él.

Todavía en los primeros meses de ese año, el Barón decidió realizar una nueva táctica: mandó a todos sus hombres que pintaran sus aviones de distintos colores, todos ellos muy vivos. Nació así el 'Circo volante', responsable de decenas de derribos. Al frente de ese circo, el 'petit rouge, como le habían bautizado los franceses. Ante el éxito sin precedentes de esta escuadrilla, Manfred recibió el mando de la primera ala aérea de la historia, la unión de las Jastas 4, 6, 10 y 11. Esta división aniquiló a sus contrincantes, derribando a 644 aparatos enemigos y sufriendo sólo 56 bajas entre sus cazas.

Pero la desgracia golpeó al temerario Barón el 6 de julio de 1917. Fue tocado por una bala en la cabeza, produciendo una terrible herida de la que, según dicen, jamás llegó a recuperarse hasta su muerte. Aunque se pensó en jubilarlo para dar un héroe vivo a Alemania, éste no quiso. Su única voluntad, su gran compromiso, era seguir combatiendo junto a sus compañeros. Ahora que Estados Unidos había entrado en la guerra y un sinfín de nuevos pilotos y aviones engrosaban las filas del enemigo, él era más necesario que nunca. En el momento de ser herido, alcanzó la cifra de 60 derribos, todo un hito en la historia de la aviación.

El Barón Rojo se sobrepuso a su herida, y continuó combatiendo con el mayor arrojo posible. En junio de 1917 recibiría el mítico Fokker triplano, un nuevo modelo de avión que maravilló al Barón, que combatió con él logrando 20 derribos más, hasta la tremenda cifra de 80 en menos de dos años. Su último triunfo se produjo el 20 de abril de 1917. Al día siguiente sería derribado.

Ese día el capitán canadiense Roy Brown logró ametrallarlo con su aparato, mientras la artillería antiaérea australiana hacia lo propio desde el suelo. El brillo de su rojo avión resultó fatal para el Barón, demasiado visible para sus enemigos. De esta forma finalizó su último vuelo, cayendo en suelo enemigo con una bala en el corazón.

En el lugar exacto donde cayó derribado, Manfred von Richthofen fue enterrado con todos los honores de héroe que merecía. Una hélice fue cortada y pulida para ejercer de cruz en su tumba, la mejor forma de señalar la estrecha relación entre héroe y aparato. Su epitafio es una clara prueba del enorme respeto que despertó en sus rivales: ''Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor. Que descanse en paz''.

Su trágica muerte sólo ayudó a engrandecer más si cabe la historia de un joven, valiente y temerario a partes iguales, que dejó su nombre escrito en fuego en la historia de la aviación. Ese joven siempre será recordado; la leyenda del Barón Rojo es inmortal en el recuerdo de millones de personas. Nunca se olvidará la leyenda de Manfred von Richthofen, amo de las nubes, señor del viento.


Para más información:


Armagedón

Ases de la Aviación
Bitácora Internacional
La Página de Plástico

Publicado por alexmetal a las 9:22 PM | Comentarios (5) | TrackBack

Julio 12, 2005

Informe de la CIA sobre Castro y Bahía Cochinos

Un profesor universitario, David Barrett de la Universidad de Villanova, ha descubierto un informe secreto de la CIA escrito en los años setenta que aún debería estar clasificado Top Secret, pero que por lo visto se desclasificó a raíz de la investigación del asesinato de JFK al incluir datos sobre el asesinato de lideres extranjeros y la política oficial de EEUU.

El informe ("The Official History of the Bay of Pigs Operation, volume III: Evolution of CIA's Anti-Castro Policies, 1951-January 1961") cuenta con 295 páginas que incluyen la transcripción de documentos secretos y las valoraciones de algunos de los protagonistas de la crisis.

Íñigo Sáenz de Ugarte está haciendo un resumen en GuerraEterna.com con los datos más importantes del informe.

Publicado por Yeray a las 12:42 PM | TrackBack

Julio 4, 2005

Vlad Tepes, 'el Empalador' (y II)

Vlad tenía la costumbre de comer viendo cuerpos empalados, observando un bosque de postes y cuerpos putrefactos. Frecuentemente ordenaba llenar un cuenco con la sangre de sus enemigos, donde mojaba el pan que ingería. De allí viene una parte de su leyenda negra. En una ocasión, uno de sus soldados le comentó satíricamente que todos aquellos cuerpos desprendían un fétido olor muy desagradable. Tras ese comentario, Vlad lo mandó empalar. Acto seguido, se aproximó al poste donde estaba ensartado y, antes de que perdiera la vida, le comentó: ‘huele mejor desde allí arriba, ¿verdad?’.

Dicen que era tal el pánico que despertaba Vlad en la población que en una ocasión se acercó a un pozo, y en la repisa dejó una copa de oro. Nadie, absolutamente nadie se atrevió a robarla.

Para los turcos la situación era insostenible, y decidieron aniquilar a Vlad Tepes con un ejército de 200.000 hombres. Ante la inferioridad de sus fuerzas, Vlad optó por la guerra de guerrillas. Además, decidió infiltrar hombres en el contingente enemigo. Pero no, no hay que imaginar algo parecido al caballo de Troya, o al simple hecho de enviar a sus mejores soldados. Ni mucho menos. Lo que hizo fue infiltrar enfermos de peste, tifus… muy pronto las epidemias se extendieron entre los soldados otomanos.

Pese a las calamidades sufridas, los turcos avanzaron hasta la puerta de la capital, Tergoviste. Allí contemplaron como fuera de las murallas había 20.000 empalados, prisioneros turcos y también súbditos valacos. Viendo aquello, el líder otomano, Melmet II tomó una determinación, retirarse. No atacó la ciudad aduciendo la dimensión sobrenatural de su rival: ‘no podemos luchar contra un fantasma, no podemos luchar contra el hijo del demonio’. Estas fueron sus palabras antes de retirarse. Esperarían una oportunidad mejor.

Finalmente, algunos meses más tarde Tepes cayó prisionero por los húngaros, y pasó muchos años en prisión. Mientras estuvo encerrado, cuentan que pasaba sus días empalando perros, gatos, aves, roedores… de aquí podemos deducir con mayor claridad que Tepes era todo un psicópata. Antes de ser apresado, su mujer y su hijo se suicidaron, aumentando la locura de un Tepes ciego de ira y dolor.

En 1473 logró la libertad, luchó contra los turcos y en 1476 recuperó el trono. Tras tantos años de guerra, observó que en Valaquia había muchos pobres, tullidos, minusválidos… y tomó una determinación para acabar con ese problema. Organizó una fiesta para ellos y una vez reunidos los mandó empalar.

Un día, con una escolta de apenas 200 hombres, cayó en una emboscada de los turcos, que lo cercaron contando con miles de soldados. Más tarde, éstos explicaron la tremenda ferocidad de aquellos hombres. Luchaban como si estuvieran poseídos, y pelearon casi hasta el final. El propio Vlad pudo matar a cinco o seis rivales antes de caer muerto. Sólo diez soldados de su escolta se rindieron finalmente.

La cabeza de Vlad Tepes fue cortada y enviada a Turquía como símbolo del triunfo del monarca musulmán sobre el hijo del demonio. Así murió el hombre que más terror ha causado a sus enemigos y también entre sus allegados, dejando un rastro de más de cien mil muertos. Fue el fin de Vlad III Draculea, conocido como Tepes, ‘El empalador’.


Para más información:
http://audio.ya.com/atanatosweb/vampiros/tepes.htm
http://www.geocities.com/Area51/Hollow/6029/vlad.html
http://www.donlinke.com/drakula/vlad.htm

Publicado por alexmetal a las 10:59 AM | Comentarios (6) | TrackBack

Vlad Tepes, 'el Empalador' (I)

En su tiempo sólo su nombre hacía temblar a miles de personas. Es uno de esos monarcas que, de haber tenido el poder de Trajano o Gengis Khan, habrían sembrado el mundo de pánico, muerte y aniquilación. Si lo comparamos con otros grandes asesinos de la historia, como Hitler, Mao, Atila, Napoleón o Stalin, la crueldad y el mal que habitaban en ellos quedan empequeñecidos, reducidos a la nada frente al suyo. Sólo la escasa importancia de su reino, su falta de poder, hicieron que la tragedia no fuese mayor.

Rey de Valaquia, su país parecía destinado a sufrir la rápida ocupación del imperio otomano; pero este héroe o villano fue capaz de evitarlo en vida. Este es uno de esos capítulos de la historia que deben ser conocidos. Sin duda una de las biografías más terribles, más crueles, más sangrientas... todo un monstruo que, sin embargo, fascina y posee una poderosa y misteriosa atracción, como otras figuras trágicas de la historia. Es la historia de Vlad Tepes, 'El empalador'.

Debemos situar al personaje en su contexto. En los siglos XVI y XVII se extendieron por Europa las leyendas de vampiros, que se alimentaban de sangre humana. Eran los no muertos, destacando los vampiros, cuya figura fue recuperada por la literatura de la época. Durante años los lugareños desenterraron a miles de personas buscando a los vampiros, a aquellos que salían de noche de sus tumbas para matar. En este contexto se encuentra la historia de este hombre, que dio origen a una obra más que conocida, Drácula. En 1897 se escribió la novela, que fue prohibida en Rumanía hasta 1992 porque estaba basada en la historia de un héroe local, Vlad III Draculea, conocido en su tiempo como Tepes (empalador).

También conocido por sus enemigos como ‘El hijo del Diablo’, fue un personaje terrible en la historia para muchos, y sin embargo aclamado y recordado como héroe nacional por otros.

Vivió a mediados del siglo XV en Valaquia, hijo de Mircea II. Su padre formó parte de los ‘Dracul’, una sociedad secreta de guerreros llamados a defender la cristiandad. Por eso su hijo fue conocido como Draculea, el hijo del dragón. Pero en Valaquia Dracul significa demonio, diablo, y Draculea significa hijo del diablo. Pasó parte de su juventud como rehén amistoso de los otomanos. En una situación de guerra con húngaros y turcos por la defensa de su territorio, y también con el Sacro Imperio Germano por su independencia, Vlad fue entregado y pasó parte de su juventud como rehén amistoso de los otomanos. En aquellos años era una práctica habitual; el rey rumano se quedó con su primogénito y ofreció a sus otros dos hijos como rehenes.

El viaje forzoso a Turquía marcaría su destino y el de toda la región. Durante su estancia en tierras turcas vio por primera vez el empalamiento de una persona. Al verlo quedó fascinado, enamorado de esa técnica. Tan impresionado quedó que en su mente guardó ese capítulo de su vida para ponerlo en práctica en cuanto tuviera ocasión… y a fe que lo hizo. Fueron los propios turcos, los mismos que le mostraron el empalamiento, quienes más lo sufrieron.

En 1448 volvió a Valaquia, a la edad de 17 años. Al llegar le informaron de terribles noticias. Su padre, un rey, había muerto apaleado como un perro, y su hermano había sido enterrado vivo. Los asesinos eran sus enemigos, muchos de ellos boyardos, nobles de la zona. Vlad asume el trono de Valaquia con el apoyo de algunos sectores de la nobleza, dentro de una corte llena de enemigos que quieren depararle el mismo destino que el recibido por su padre y su hermano.

Ahora, tras llegar al trono, se convierte en Vlad III Draculea, pero ya no es hijo del dragón, ahora está ciego de ira, es el hijo del demonio. Busca venganza contra los asesinos de su padre y su hermano. Muchos voivodas (príncipes de la zona) quieren su trono, y finalmente le expulsan y tiene que exiliarse. En Hungría es tomado prisionero, pero en 1456 escapa y regresa a su tierra, Valaquia. Allí le fue devuelto el trono.

No quería herederos ni bastardos, y esta idea le obsesionaba. En una ocasión, una de sus amantes le dijo que estaba embarazada, sólo con el ánimo de complacerle. Pero lejos de albergar júbilo alguno, Vlad la abrió en canal con su espada. Ese año empezó el reinado del terror. La tortura le encantaba, incluso preparó una sala donde los condenados rezaban. De repente, el suelo se abría y el acusado caía a un foso lleno de estacas afiladas.


Su primera acción brutal fue en 1459. Vlad III convocó una gran reunión de boyardos, una gran fiesta donde se tenía que hablar de paz. Los boyardos y sus familias fueron a su castillo, donde se celebraría la fiesta. Tras ella, los soldados entraron en la sala y los aniquilaron. Empalados, torturados, quemados… aquellos que podían pretender su trono fueron exterminados.

Sin embargo, fue a partir de 1462 cuando Vlad ganó su apelativo de Tepes (empalador). Empaló entre 50.000 y 100.000 personas. Un factor clave en este hecho ocurrió en 1461, cuando la guerra entre los turcos y Valaquia se reavivó. Su ejército era de 10.000 hombres, y nada podía hacer contra los turcos, que poseían un inmenso imperio. Sin embargo, los valacos lucharon con notable felocidad, y llegaron a derrotar en varias ocasiones a los turcos, capturando un gran número de rehenes. El 11 de enero de 1462 Vlad Tepes envía una carta al rey de Hungría (aliado de los turcos) comunicándole que había empalado a 23.884 prisioneros. Alzó una obra monstruosa con más de 23.000 empalados en postes de madera y metal. Tras la tortura, Vlad mandaba decapitar a todos los cuerpos, y así realizaba de forma sencilla un cuidadoso recuento.

En el empalamiento se introducía una estaca por el ano y se dejaba que el cuerpo resbalase por el poste hasta que el cuerpo quedaba totalmente atravesado, saliendo la punta por la boca. Tras una breve agonía la muerte llegaba en pocos minutos.

(Continúa...)

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Junio 22, 2005

El holocausto soviético

De entre todos los factores que pueden inducir a una sociedad a dirigirse en la dirección correcta, de todos los condicionantes que puedan influir en el comportamiento colectivo, la memoria histórica es uno de los más eficaces. Tenerla presente es sin duda la mejor arma para luchar contra la amnesia colectiva que parecemos sufrir en demasiadas ocasiones.

Será bueno, por tanto, recordar un capítulo terrible de nuestra historia; cuando los humanos hemos demostrado el lado más cruel de nuestra naturaleza. Cuando la muerte es una liberación del más horrible infierno en la tierra. Cuando la vida no vale más que el proyectil que penetra en un cráneo en cuyo interior no queda el menor rastro de esperanza. Cuando el hombre deja de ser hombre para no sentir, para no admitir una realidad cruel, para no ser... y morir.

Al hablar del holocausto nos referimos siempre al que sufrieron especialmente los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Fue algo terrible, absolutamente inhumano y salvaje. Sin embargo, me gustaría hacer justicia, porque hay otro más, quizá eclipsado por el primero, de catastróficas consecuencias para millones de personas. Y lo peor de todo es que, pese a ser liberados por su patria, que resultó vencedora en la guerra, ésta sólo empeoró la situación de esas personas, condenando para siempre a aquellos que padecieron y sobrevivieron a los crímenes nazis. Se trata del desconocido holocausto soviético.

El holocausto soviético no se limita a la masacre sufrida por los prisioneros de guerra soviéticos en los campos de concentración alemanes. No. Fue algo mucho más duro, convertido incluso en una carga adquirida por herencia. Desde occidente lo tratamos como un asunto lejano y olvidado, pero al mismo tiempo real, y demasiado presente todavía.

La situación de millones de prisioneros de guerra soviéticos fue terrible, la imagen más extrema del horror de la guerra. En los campos de concentración nazis, los soviéticos, como eslavos, eran considerados infrahumanos, seres no humanos pertenecientes a un nivel inferior que sólo podían servir y ser sometidos.

Y de este modo eran tratados por los soldados alemanes; como animales. Heridos, hambrientos, hacinados, y en la más absoluta carestía de higiene, cientos de miles de soviéticos murieron durante la Segunda Guerra Mundial en los campos de exterminio.

Por supuesto, no tenían ningún tipo de asistencia médica. A los heridos graves sencillamente se les dejaba morir. Un hombre valía en la medida que fuera capaz de trabajar. Si no podía, no tenía sentido mantenerlo con vida. La comida era tan escasa que se dieron casos de canibalismo de forma habitual. Como confesó un ex-prisionero, Mikhail Badayév: ''en mi campo, las personas se comían unas a otras. Los prisioneros que llegaban estaban más gordos, pero, si estaban heridos, los otros se les lanzaban encima para cortarles un trozo de carne tierna con un cuchillo mientras estaban aún vivos. Al menos así podíamos comer carne fresca.''

Muchos fueron ejecutados en la propia URSS bajo dominio nazi por las implacables SS, otros murieron a causa de las heridas, del hambre o congelados por el frío. Los campos de concentración provisionales en territorio soviético podían ser simples vallados protegidos por centinelas en mitad del bosque o en un descampado. Sin más protección que sus ropas, tenían que soportar las noches durmiendo al raso, a temperaturas que podían alcanzar treinta o cuarenta grados bajo cero. Dormían en agujeros que cavaban en la nieve para intentar aislarse del frío. Nadie sabe exactamente cuántos murieron incluso antes de ser enviados a Alemania, pero a buen seguro fueron cientos de miles de vidas las que fueron sesgadas en la primera etapa de su cautiverio.

Pese a la elevada mortandad de los prisioneros de guerra de la URSS durante los primeros días tras caer prisioneros, unos seis millones de soldados rusos fueron enviados a Alemania o a algún campo de concentración nazi en territorio bajo su control, destacando Polonia. Más de la mitad de ellos no volvieron nunca, y cientos de miles de cadáveres se hallan hoy en día sin identificar en enormes fosas comunes.

Los soviéticos fueron transportados generalmente en trenes, en condiciones lamentables, mucho peores que las del ganado común. Podían no recibir nada de comida o agua durante días. El hacinamiento era absoluto, y junto al frío fue un factor decisivo para que decenas de miles de hombres murieran durante el trayecto. Una vez internados en los campos de concentración, trabajarían como esclavos en unas condiciones infrahumanas en un mundo en el que su vida no valía nada.

Especialmente a partir de 1944, gracias al avance soviético en el frente del Este, los prisioneros fueron liberados. Casi tres millones de soldados soviéticos cautivos recuperaron la libertad... y hasta este punto de la historia suelen llegar los libros de historia, pero la pesadilla no había terminado para los prisioneros soviéticos libertos. La historia real nos habla de una condena que se extiende durante décadas...

Como dijo Stalin, nefasto 'padre de todos los rusos' durante el curso de la guerra: ''Yo no tengo prisioneros de guerra. El hombre que ya no esté en condiciones de luchar debe pegarse un tiro. Los que no lo hagan, no existen.'' Pero Stalin iba a llevar mucho más lejos esta cruel afirmación.

Para el dirigente soviético, ser apresado era una deshonra, y cientos de miles de prisioneros de guerra fueron considerados traidores a la patria, siendo ejecutados al poco de su liberación. De todos los demás, los que volvieron con algún objeto de valor (relojes, zapatos...) fueron en su mayoría fusilados para el posterior expolio de todo lo que poseyeran. Los restantes fueron empleados forzosamente a reconstruir las ciudades destruidas durante el curso de la guerra o fueron internados a la fuerza en gulags, donde trabajaron durante muchos años en un régimen casi esclavista.

Aquellos que sobrevivieron tras sufrir la desgracia de la guerra, el cautiverio en campos de concentración nazis y más tarde un nuevo internamiento de similares características en su propia patria, recibieron el perdón. Pero un perdón entre comillas, pues no hubo piedad para ellos. Habían luchado por su patria, sufrieron vejaciones inenarrables por parte del enemigo, y después su propio país les había tratado como a traidores. Para Stalin la palabra piedad no existía.

La represión sufrida por este colectivo fue muy similar a la de los desafectos al régimen durante el franquismo. Se les denegó el acceso a casi cualquier puesto de trabajo, y su condición de antiguos prisioneros constaba en sus documentos personales, afectando también a sus familiares más cercanos. Sus descendientes no podían cursar estudios superiores ni ejercer ciertas profesiones. Llenos de barreras y limitaciones, en el límite de la marginalidad, millones de ciudadanos soportaron durante décadas la opresión de un régimen más duro que cualquiera de corte fascista. Y esa opresión por parte del estado se mantuvo no sólo durante el mandato de Stalin, sino durante toda la guerra fría.

Finalmente, Gorvachov terminó con este sistema de marginación y persecución de los antiguos prisioneros. Para entonces, habían pasado más de 40 años de infierno en la Unión Soviética. La supervivencia de los prisioneros de guerra durante la Segunda Guerra Mundial fue de apenas el 10%, y esta cifra todavía fue inferior en el caso de los soldados soviéticos. Se trata del otro holocausto, iniciado por los nazis, pero continuado durante muchos años por la propia URSS.

Enlaces
- La Segunda Guerra Mundial
- Koba, el terrible.

Publicado por alexmetal a las 3:50 AM | TrackBack

Junio 16, 2005

El juicio a Julián Grimau

Josefa Paredes

Era «una auténtica bestia», dice el abogado José Jiménez de Parga.Su nombre: Manuel Fernández Martín. Para la Historia no es nadie.Pero la viuda de Julián Grimau, fusilado en 1963, no lo olvidará nunca. Él interrogó al dirigente comunista en un consejo de guerra que espantó al mundo. Él redactó su sentencia de muerte en abril de 1963. Y, desde el estrado, fingió durante 30 años ser abogado y engañó al mismo régimen al que siniestramente sirvió.


Como fiscal o ayudante de los tribunales militares, el comandante Fernández Martín intervino en 4.000 juicios sumarísimos y envió a un millar de presos políticos a los paredones franquistas.Pero ni siquiera había aprobado primero de Derecho. Sólo por eso e incluso según la legislación de la dictadura, todos aquellos consejos de guerra fueron nulos. Y sus mil muertos víctimas de asesinato.

José Jiménez de Parga vio en directo la actuación de «la bestia» en cientos de procesos militares contra civiles, incluido el de Grimau. «Era un hombre gordito, de Badajoz, (donde nació, en 1914) que iba de simpático. Se le veía fuera del mundo judicial.Acosaba a los procesados. Les insultaba. Un verdadero hijo de puta». Jiménez de Parga y otros se percataron del poco conocimiento de leyes de aquel hombre. Pero en aquel momento no podían sospechar siquiera hasta que punto fue un farsante.

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Sigue leyendo en el Suplemento Crónica. Vía Escolar.

Publicado por Yeray a las 2:44 PM | TrackBack

Junio 14, 2005

Mentiras convincentes

Julián Casanova

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Pero el registro del desafuero cometido por los militares sublevados y por el franquismo hizo también reaccionar, por otro lado, a conocidos periodistas, propagandistas de la derecha y aficionados a la historia, que han retomado la vieja cantinela de la manipulación franquista: fue la izquierda la que con su violencia y odio provocó la Guerra Civil, y lo que hicieron la derecha y gente de bien, con el golpe militar de julio de 1936, fue responder al "terror frentepopulista". Todas las complejas y bien trabadas explicaciones de los historiadores profesionales quedan de esa forma reducidas a dos cuestiones: quién causó la guerra y quién mató más y con mayor alevosía. La propaganda sustituye de nuevo al análisis histórico. Es la sombra alargada del franquismo, otra forma de vengarse años después. No hay nada nuevo en esa propaganda neofranquista y de revisión, pero funciona, con sus habituales tópicos sobre octubre de 1934, el terror rojo, el anticlericalismo, Paracuellos, las Brigadas Internacionales, las checas y el dominio soviético.

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Lee el artículo completo en La Insignia. Vía Escolar.net

Publicado por Yeray a las 12:28 PM | TrackBack

Junio 5, 2005

William Wallace, el corazón valiente de Escocia

William Wallace nace en la aldea escocesa de Elderslie el año 1271 según las fuentes más fiables, aunque todo en su vida está cubierto por el enigma. Apenas se conocen datos seguros sobre él, y la rumorología ha cambiado radicalmente la realidad de este apasionante personaje histórico.

Perteneciene, al parecer, a la más baja nobleza, su familia vive de forma humilde pero autosuficiente. Siendo el segundo hijo varón, se le prepara para formar parte del estamento religioso. Sin duda, parece que el destino del joven William es ser sacerdote o ingresar en algún monasterio. Pero los hechos futuros cambiarán su vida de forma notable.

Tras la muerte del rey Alejandro III en 1286, Escocia vive un período político turbulento. Los tres hijos del rey han muerto, y dos familias enemistadas, los Bruce y los Baliol, lucharán entre sí para defender sus aspiraciones al trono. Escocia está en guerra, los clanes están enfrentados y la sangre cubre todo el territorio.

La guerra civil concluye tras la actuación del monarca inglés, Eduardo I, quien toma partido en el conflicto a favor de los Baliol, quienes se imponen en 1290. A partir de este momento Escocia queda bajo la tutela de Inglaterra. Son teóricamente libres, pero la realidad es muy distinta. El pueblo escocés está muy descontento con la situación. Escocia está en la práctica a las órdenes de su poderoso vecino.

En 1291, cuando William cuenta con 20 años, su vida da un giro inesperado. Su padre y su hermano mueren combatiendo a los ingleses. El odio incontrolado, la rabia más insoportable invaden el alma del futuro héroe, quien a partir de ese día dirige todos sus esfuerzos a acabar por todos los medios con la semi-ocupación inglesa de su tierra.

Ese mismo año, paseando por la ciudad de Dundee nace el mito del corazón valiente. William, un joven de casi dos metros de altura (casi un gigante en la época) y ataviado con el traje típico escocés y los colores verdes de su clan, recibe la burla de un grupo de jóvenes ingleses. Se ríen de sus ropas, de su origen escocés, y éste no lo soporta más. En un arrebato de ira los mata, sin saber que uno de ellos es el hijo del gobernador inglés.

A partir de ese momento y hasta su muerte, Wallace será el mayor héroe libertador de la historia de su país. Se convierte en un fugitivo, pero no piensa vivir escondido; sus planes no son esos. Junto a un grupo de amigos, empieza a luchar en los bosques. Nace una guerrilla que hostigará a los ingleses, atacando en los espesos bosques. Allí, bajo el amparo de la vegetación y aprovechándose del desconocimiento del terreno de los soldados enemigos, pueden exterminar patrullas como fantasmas portadores de muerte. Y el mito nace...

Durante cinco años lucha sin cesar, pero finalmente es atrapado. Aquí nace la leyenda auténtica, donde es difícil diferenciar la realidad de la invención. Se dice que, cuando fue apresado, los ingleses lo encerraron en un calabozo y decidieron matarlo de hambre. Durante semanas estuvo encerrado hasta que finalmente murió. Entonces, sus amigos acudieron a reclamar su cadáver, y cuál fue su sorpresa cuando se dieron cuenta de que aquel demacrado cuerpo todavía tenía vida.

Tras semanas sin comer ni beber, completamente deshecho, débil y enfermo, Wallace había conservado pese a todo lo más importante: la vida. Cuando al fin estuvo recuperado el mito se acrecentó. William Wallace es inmortal, ha vuelto desde el infierno para cobrarse la vida de los ingleses. Cientos de escoceses, hartos de la ocupación extranjera, siguen ciegamente a un líder cada vez más poderoso. Ahora Wallace es fuerte, y es la máxima esperanza para su pueblo.

En 1296 Eduardo I exige muchísimas tropas y tributos a John de Baliol para financiar las guerras inglesas en Francia. Baliol no accede, y ahora Inglaterra conquistará Escocia. En la batalla de Dunbar, los nobles escoceses lucharon por quitarse la soga inglesa que les apretaba cada vez más. Sin embargo, fueron gravemente derrotados. En ese momento no hay esperanza para Escocia, todo parece perdido. Pero es en ese momento, cuando todo parece indicar que la derrota es inevitable, cuando surgen los héroes.

Wallace es un líder fuerte y su guerrilla es ahora muy numerosa, pero un episodio oscurece su vida hasta el extremo. El joven se había casado con una escocesa, Murron (o Marion), y tras una acción de la guerrilla, una patrulla inglesa se encontró con ella. En venganza por los actos cometidos por William, la asesinaron. Y en ese instante, tras haber perdido a su padre, su hermano y su esposa a manos de los ingleses, su odio es absoluto. La rabia quema su sangre, y tiene muy claro quién ha de pagarlo. A partir de ese momento todo el territorio escocés es un auténtico infierno para los ingleses. Sus castillos y guarniciones están siendo aniquilados. El poder de Wallace ahora es inmenso.

Al año siguiente, con un ejército de fieles seguidores, Wallace dirige las tropas escocesas en la batalla de Stirling. Todos se aferran a él como único líder capaz de derrotar la hasta ahora invencibilidad inglesa. Los escoceses se parapetan tras un río y el puente que lo cruza. Allí la defensa es muy favorable, pero los ingleses, muy superiores en número, mejor armados, mejor entrenados, etc., confían en una sencilla victoria.

La batalla es similar a la que narra la película, pero con el puente y el río entre los dos bandos. Aproximadamente 20.000 ingleses se lanzan sobre las posiciones escocesas. Unos 500 jinetes, de la caballería pesada, debían aplastar a los escoceses, y es en este punto de la historia cuando acontece el famoso episodio de las lanzas. Tras aniquilar a la elite de las tropas rivales, la caballería escocesa aparece por la retaguardia inglesa, aplasta a los arqueros galeses y parte en dos a sus líneas. La derrota es evidente, pero el enviado de Eduardo I se niega a capitular y envía de urgencia a refuerzos. Cuando éstos ocupan toda la extensión del puente, cae incapaz de soportar tanto peso. Cientos de hombres perecen ahogados, y el resto son víctimas de las lanzas y flechas escocesas. El desastre para Inglaterra es absoluto, Escocia ha vencido.

Es el mejor momento para el gran héroe escocés. Es el líder militar soñado, inteligente, fuerte, con un gran carisma y la lealtad absoluta de sus hombres. Es nombrado lord protector de Escocia, pero los clanes se autodestruyen en lugar de trabajar por su libertad. Divididos, siempre enfrentados, los nobles escoceses son incapaces de unirse y dan el tiempo necesario al monarca inglés para realizar de nuevo un ataque devastador. El vacío de poder es evidente, y si los escoceses no son capaces de hallar un líder, pronto se encontrarán de nuevo bajo el yugo de sus enemigos.

Mientras tanto, todavía con recientes recuerdos que impulsan su odio contra Inglaterra y le empujan a luchar, William ha proseguido los combates. No sólo ha liberado Escocia, sino que ahora invade el norte de Inglaterra. Yorke, la ciudad más importante de esa zona, es aplastada, y Wallace corta la cabeza al sobrino de Eduardo I. El país más poderoso de Europa tiembla ante el coraje de un solo hombre que tiene la venganza como único cometido. Pero ahora, enfurecido y humillado, Eduardo I no va a cometer errores. El ejército inglés que cae sobre Escocia en 1298 es imparable.

Ante el poder del ejército invasor, los nobles escoceses parecen acobardados, y sólo Wallace quiere luchar. El máximo aspirante a la corona, Robert de Bruce, y la nobleza, le traicionan. El monarca inglés se ha cuidado bien de sobornar a toda la clase noble antes de invadir su territorio. Dolido y lleno de rabia, recibe una dura derrota a manos de los ingleses en la batalla de Falkirk, pero de nuevo sobrevive.

Perseguido, se ve obligado a huir del país. Recorre toda Europa, desde Francia hasta el mismo Vaticano, pidiendo ayuda para la causa escocesa, pero nadie está dispuesto a enfrentarse a Eduardo I. Tras algunos años, harto de las palabras vacías de los líderes europeos, decide volver a su tierra para proseguir la lucha. De nuevo inicia la lucha guerrillera, y el espíritu de la libertad, encarnado en su persona, recorre de nuevo el territorio escocés. Pero en la cruel naturaleza humana la traición es común, y engañado por algunos de sus colaboradores más cercanos, cae en una emboscada y es apresado.

Estamos en el año 1305, William ha sido apresado y es llevado a Londres para un juicio que sólo tiene un veredicto posible: la muerte. Ésta es siempre cruel para los enemigos de la patria, y esta vez se cebaría especialmente como escarmiento para todo aquel que osara enfrentarse al poder del rey. Se le acusa de alta traición al rey, de asesinato y de paganismo. La condena es terrible: Wallace será arrastrado, colgado y descuartizado.

Y es entonces cuando pronuncia sus palabras más famosas: ''Si me acusáis de asesinato por asesinar a los enemigos de mi patria, entonces soy cien veces culpable, pero no me podéis llamar traidor, cuando siempre he servido a mí país, el cual es Escocia, y no Inglaterra, a cuyo rey nunca he jurado lealtad''.

Ante una muchedumbre, William recibió un castigo de una crueldad absoluta. Sin embargo, no profirió ni un lamento. Aguantó estoicamente un dolor insoportable hasta encontrar la paz tras su muerte. Eduardo I mandó que sus miembros mutilados fueran repartidos por las cuatro esquinas de Gran Bretaña, pero esto no sólo no amilanó a los escoceses, sino que convirtió a Wallace en mártir de la causa escocesa.

La leyenda del guerrero inmortal es ahora imparable. Escocia se agita, se alza ante la injusticia y luchará hasta la extenuación contra el invasor. El espíritu de William Wallace, el corazón valiente de Escocia, guiará a los suyos encendiendo la llama de la rebelión. Ésta tendrá como líder a Robert de Bruce, quien será el futuro rey de Escocia. Su grito de guerra es ahora más que nunca el lema del clan de los Wallace: ''Por la libertad''.

Alentados por la figura del mártir, los alzados triunfan y logran la independencia de su tierra. En 1306 Escocia logra la independencia, reconocida por Inglaterra en 1314 tras la batalla de Bannocknurn, donde logran la victoria definitiva. Escocia es libre. En cada valle, en cada aldea, en cada rincón de la vieja Escocia se esconde el espíritu de William Wallace, el héroe libertador, al tiempo que un grito cubre el cielo y se pierde en el horizonte: Alba go brath (Escocia para siempre).

Más info:
- William Wallace en la Wikipedia (en inglés)
- Pasaje de Historia
- William Wallace The Truth
- Aceros de HIspania
- Imágenes de William Wallace y Robert the Bruce

Publicado por alexmetal a las 5:08 PM | Comentarios (12) | TrackBack