Estraperlo 2006
Pierre Nodoyuna
Un tío va por la calle y se encuentra con un amigo suyo, al que acompaña un perro fantástico. Le comenta lo maravilloso que es el perro y el propietario de éste le dice "pues lo estoy vendiendo. Son dos millones de euros". El amigo le pregunta si está loco, se despiden y se marcha. A la semana siguiente se lo encuentra, ya sin perro. "Lo he vendido", le comenta su amigo, "por dos millones de euros". "¡Dos millones de euros! No es posible", le dice. "Te equivocas, es perfectamente posible. Ahora tengo dos gatos de un millón".Para los que tienen perro la vivienda no es un problema. Tienen dos millones de euros y cada noche se acuestan un poco más ricos. Pueden pensar en vender su perro de dos millones para comprarse dos gatos de uno, o incluso esforzarse por adquirir un perro de dos millones y medio esperando que mañana vanga cuatro y se acuesten el doble de ricos. El problema lo podrán tener, o mejor dicho lo tenemos, los que no tenemos ladrillos (o perros) en propiedad. Algo que sin duda se debe, bien a que somos vagos, bien a que somos unos nihilistas que, por algún extraño motivo, rechazamos la bicoca nacional, esa especie de piedra filosofal que hace millonario a todo el mundo y que da de comer tanto al alcalde como al paleta y al trajeado clon de Fernando Torres que suele currar en las inmobiliarias.
Imaginemos un país en el que los sellos, o los huskies siberianos, fuesen el principal patrimonio de las familias. (...)