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¿Qué hacen exactamente las ONG?

Las Organizaciones No Gubernamentales, popularmente conocidas como ONG, desempeñan un papel importante en el mundo, en su lucha contra la pobreza, la exclusión y las enfermedades. Pero, ¿qué hacen exactamente las ONG?.

Este artículo del periodista Jordi Pérez Colomé, analiza las actividades de las diferentes organizaciones, así como los problemas que se encuentran en su camino y los retos de futuro.

El trabajo de las ONG para el desarrollo es pues de alcance muy limitado. Esta dificultad no es la única. La tarea de las ONG se enmarca en un esfuerzo de los países ricos para eliminar la pobreza: la cooperación al desarrollo. Los grandes gestores del desarrollo son los gobiernos y las instituciones multilaterales: Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional, junto a los bancos regionales de desarrollo.

La cooperación al desarrollo empezó con el Plan Marshall. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos concedió entre 1948 y 1952 a 16 países europeos una enorme cantidad de dinero, el equivalente a un 10 por ciento de la producción anual de esos países y a un 4 de la de Estados Unidos (en 2005 el país que más dio de su producción fue Suecia con el 0,92). Con ese dinero los europeos decidían qué hacer e incluso se les permitía poner aranceles a productos norteamericanos. Fue un éxito y lo prueba la recuperación rápida de Austria, Holanda, Irlanda, Francia, Noruega e Italia. Fue el primer gran éxito de la cooperación al desarrollo. Y, hasta hoy, el único.

La muestra más clara de que la cooperación no ha funcionado es que muchos millones se han destinado a mejorar la situación de los países pobres y su situación actual es, en muchos casos, peor que en 1960. Hay algo que no funciona. Uno de los casos ejemplares es el de Nicaragua, que tras recibir muchos más millones que el entero plan Marshall sigue tan pobre como en 1990 [el caso de Nicaragua lo explica el reportaje de Sergi Picazo y Iolanda Parra, ganadores del II Memorial Joan Gomis, en la página 15].

Otro ejemplo es el de Mali hasta el año 2000. Un informe de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) de finales de los 90 llegaba a estas conclusiones, después de haber gastado en Mali 50 dólares por persona durante 20 años: la ayuda no está coordinada, los proyectos no están integrados en la estructura nacional ni en su economía, la eficacia de la ayuda es cuestionable y la gente del lugar cree que sus prioridades son desestimadas. El estudio concluía así: “Sabemos que Mali debe asumir toda la responsabilidad en su proceso de desarrollo. Esto es algo que ya sabíamos en la época del plan Marshall, pero perdimos la perspectiva cuando la cooperación al desarrollo despegó en los 60”. Esto sería un resumen de cómo se ha malgastado el dinero en el tercer mundo.
En los años 60, los países africanos empezaban a independizarse. La ayuda al desarrollo sirvió para poner condiciones: si los gobiernos no cumplían unos requisitos, no había ayuda. ¿Era una manera de mantenerlos controlados en lo político por la Guerra fría y dependientes en lo económico para tener recursos a mano? Es probable. Pero una de las cosas para las que sí ha servido la ayuda es para ocultar los problemas reales que impedían el desarrollo real. Según David Sogge, autor de uno de los libros emblemáticos de la crítica a la cooperación, Dar y tomar (Icaria), escribe: “La cooperación aparece como un remedio a los enormes, viejos y complejos problemas de la pobreza, la ayuda al desarrollo afronta unas expectativas que no puede asumir. Está sobrecargada de esperanza y bombo. La ayuda se convierte así en una distracción que oculta otras fuerzas: un comercio injusto, la fuga de cerebros, la fuga de capital, el descenso de los ingresos públicos”, sin olvidar la dependencia que crea un sistema que ofrece dinero gratis y el paternalismo que implica la caridad [el artículo del economista Pere Escorsa en la página 14 ahonda en esto]. La bibliografía, sobre todo en inglés, con ejemplos desastrosos de la ayuda a la cooperación es vasta.

La ayuda al desarrollo suele ser también interesada. Según el artículo de Carmen González en el libro La realidad de la ayuda 2006-2007 (Intermón Oxfam), “sólo seis de los 22 donantes principales han desligado la ayuda por completo o casi por completo (Bélgica, Finlandia, Irlanda, Noruega, Suiza y Reino Unido)”. Desligar la ayuda significa no obligar que con los créditos concedidos el país receptor deba comprar productos del país donante.

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(gracias, Dario)

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