Gaseados, pero vivos (Crónicas desde Palestina IX)
El ejército israelí reprimió duramente la protesta que todos los viernes realiza el pueblo de Bi’lin contra el muro de la vergüenza que recorre Cisjordania. Un grupo de internacionales fuimos a apoyar la protesta, siendo testigos del empleo abusivo de gases lacrimógenos por parte de los soldados.
La protesta comenzó tras el rezo en la mezquita, sobre la una del medio día, hora local. Mientras que los internacionales nos concentramos en un centro comunitario dentro del pueblo, los palestinos iban llegando e incorporándose hasta formar la columna de la manifestación.
Una vez organizada la manifestación nos dirigimos hacia la valla que estaba custodiada por el ejército israelí. Al frente, iban los dirigentes del comité popular local que organiza todos los viernes la manifestación. Colocaron al frente a un chico maniatado con una venda en los ojos, simbolizando la ausencia de derechos de los detenidos palestinos en un estado que dice ser democrático pero donde la tortura es legal.
Detrás, unas 200 personas, entre palestinos e internacionales, gritando consignas como “one, two, three, four, ocupation no more”, “Army israeli, terrorist”, “no justice, no peace”, “no, no, to the wall”, en inglés.
Y también, “viva, viva, viva, la lucha palestina” y “el pueblo palestino jamás será vencido” en español, todas ellas coreadas por los palestinos, que no paraban ni un segundo de gritar y jalear al resto.
Tras recorrer unos 500 metros llegamos a las vallas. Un palestino abrió la barrera y nos manifestamos entre dos vallas de unos 4 metros de altura cada una.
Tras la más lejana un dispositivo del ejército nos observaba desde cerca con los fusiles en la mano. Nos tendimos en el suelo siguiendo las instrucciones de los dirigentes palestinos, sin parar de gritar, mientras que los numerosos medios de comunicación, televisiones incluidas, registraban la protesta.
Tras un cuarto de hora de protesta, volvimos a cruzar la barrera en dirección al pueblo, fue en ese momento cuando comenzó el infierno. Empezaron a disparar botes de humo que se dirigían hacia nosotros a gran velocidad en una trayectoria rasante que podía impactarnos directamente. De hecho, a un palestino le dio de lleno por detrás y cayó al suelo. Tuvimos que recogerlo del suelo y sacarlo de allí. Había un vehículo preparado para los heridos y rápidamente fue evacuado hacia una ambulancia que esperaba en el pueblo.
Con semejante trayectoria, cuando no impactaba en alguno de nosotros, el proyectil no caía en un punto y soltaba el gas sin más, sino que saltaba dos o tres veces, desorientado a los manifestantes.
En cuestión de minutos tuvimos que aprender a detectar la dirección del viento para no entrar en el radio de acción del gas. Intentamos aplicar lo que antes de salir de Andalucía nos explicaron los monitores de Paz Ahora sobre los gases. Pero no tuvimos mucho éxito. La verdad es que ninguno salimos indemnes, todos probamos el gas.
De pronto, sin verlo, el gas empieza a quemarte la cara, los ojos te empiezan a llorar, te pica toda la piel y la garganta se seca, no puedes respirar, la impresión es que te ahogas y sólo quieres salir de ahí como sea.
Carreras para arriba, para abajo, huyendo del gas, que caía por todas partes. Fuimos gaseados durante una hora aproximadamente, los palestinos no se iban de allí y nos quedamos junto a ellos hasta el final. Para poder respirar mejor nos poníamos una cebolla en la nariz. El fuerte olor de la cebolla activa los mecanismos del aparato respiratorio y alivia la sensación de ahogo.
Los chavales palestinos lanzaron piedras con sus hondas que impactaban contra los vehículos militares. El alcance (unos 150 metros) y la velocidad de las piedras que lanzaban nos sorprendió a todos. Piedras contra armas modernas, el David palestino contra el Goliath israelí, la historia se re-escribe.
Javier García • Plataforma de Solidaridad con Palestina de Sevilla
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