Qué es una nación
José Sols Lucia
En los dos últimos siglos se ha producido una confusión semántica al hablar de nación y, por tanto, de nacionalismos. Recordemos primero que “nación” es un término que viene del latín, del sustantivo “natio, nationis” y del verbo “nasci”, “nacer”. En la Antigua Roma, “natio” era el grupo de gente nacida en un mismo lugar. En la Biblia, el término hebreo “goyím”, “naciones”, en plural, se aplicaba a todos los pueblos extranjeros. Para Israel se hablaba de “pueblo”, “‘am”, no de “nación”, “goy”.
Siglos más tarde, en la Baja Edad Media, en Inglaterra, se llamaba “nation” a un grupo de estudiantes procedentes de una misma región. Los colonos europeos de Norteamérica denominaron “nations”, en inglés, a los pueblos indígenas, aunque, más tarde, cuando al nuevo país se le denominó “nation”, aquellos pueblos pasaron a ser llamados “tribus”, “tribes”. Además, los juristas ingleses del siglo xvi traducían la expresión “ius gentium” como “derecho de las naciones”, y a finales del siglo xviii, Jeremy Bentham incorporó en su lugar la expresión “derecho internacional”, que ha llegado hasta nuestros días: “internacional” significa “entre naciones”.
La nación de ciudadanos. Pero es a finales del siglo xviii, concretamente en la Francia revolucionaria, cuando empiezan los problemas semánticos. Los revolucionarios franceses utilizaron abundantemente el término “nation”. Para ellos, nación era toda la sociedad francesa, sin diferencia entre individuos, lo que ponía fin a la idea de estamentos sociales. Aquí nace el concepto de “nación de ciudadanos”, de origen jacobino, que pone el acento en la idea de ciudadanía, de igualdad de derechos de todos los individuos, y no carga las tintas ni en lo cultural, ni en lo lingüístico, ni en lo histórico. La nación descansa aquí sobre tres conceptos: individuo, sociedad, Estado. El individuo tiene derechos, y los ejerce en sociedad; el Estado es la estructura de poder que protege y armoniza en la sociedad los derechos de todos los individuos. Curiosamente, esta idea de nación ha calado a lo largo del siglo xx en movimientos revolucionarios de países con dictaduras o con altos índices de pobreza, autodenominados “movimientos de liberación nacional”, como por ejemplo el FMLN salvadoreño (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional).
La nación de nacionalistas. En el siglo xix, el Romanticismo, movimiento cultural de carácter historicista, se autobautizó como “renacimiento cultural” de aquello que se estaba perdiendo con la racionalidad científica propia de la Ilustración. Con él apareció una nueva idea de nación, entendida como toda aquella colectividad, ligada a un territorio relativamente grande (región, Estado, pero no ciudad), enmarcada en una tradición cultural que incluía idioma, literatura, historia, mitología, pintura, música, arquitectura, danza, festividades, juegos, costumbres y estilo de vida. Aquí el peso semántico ya no estaba en la ciudadanía, sino en lo cultural. Frente a la “nación de ciudadanos”, tenemos ahora la “nación de nacionalistas”. No siempre fue el concepto de “nación” el que canalizó este renacimiento cultural. También lo hicieron la palabra “región” y la palabra “renacimiento” (por ejemplo, la “renaixença” catalana).
Si en la “nación de ciudadanos” hablábamos de “sociedad”, en la “nación de nacionalistas” tenemos que hablar de “comunidad”. Aquí, la nación es una comunidad formada por miembros que comparten cultura e historia. Si la sociedad de la “nación de ciudadanos” era simplemente el espacio de convivencia armónica de ciudadanos en un mismo Estado, la comunidad de la “nación de nacionalistas” comporta una identidad cultural e histórica colectiva. Las cosas se van complicando. En la nación de los nacionalistas, lo primero es el colectivo, la comunidad, y los individuos descubren su identidad en su relación con el colectivo. Hay un desplazamiento del sujeto individual al sujeto colectivo. Entramos en categorías veterotestamentarias, semíticas: en el Antiguo Testamento, era antes el pueblo que el individuo. El marxismo retomó este lenguaje colectivista: es antes la clase obrera que el individuo. Y la teología de la liberación hizo lo propio en la América Latina de los años 70: es antes el pueblo que el individuo.
Un mismo peligro. Paradójicamente, en ambas concepciones de nación, aparece el mismo peligro.