Vacaciones de esperanza (Crónicas desde palestina VII)
86 niños y niñas de 12 campos de refugiados situados en diez ciudades de Cisjordania han llegado a la Península Ibérica para pasar un mes bajo el programa “Vacaciones para la Paz” organizado por la ONG, Paz Ahora.
En una de las desconexiones del programa oficial, un grupo de nuestra Brigada de Solidaridad tuvimos la oportunidad de acompañar a estos niños y niñas desde Nablus a Jericó en la frontera jordana. Una parte importante de ellos son huérfanos o tienen a su padre encarcelado por motivos políticos en las prisiones del régimen sionista.
En los campos de refugiados palestinos se concentran dos variables muy peligrosas para un niño: la violencia y la pobreza. Ambas están relacionadas. El nivel de desempleo es altísimo y muchas familias dependen de la ayuda humanitaria. La economía se ve interrumpida por los ataques del ejército israelí que, en gran parte, se producen en los campos de refugiados.
Niños con monitoraEn 2002, en Aida Camp, en Belén, nos contaron como el ejército explosionó una puerta y mató a la madre de una familia de siete miembros dejando a los niños huérfanos. Los soldados, tras matar a la mujer, siguieron su ataque en este campo sin atender a los niños que quedaron traumatizados. También, en este campo, un padre de familia que estaba desayunando con sus hijos se asomó a una ventana de su casa y recibió un disparo en la cabeza, esparciendo los sesos sobre la mesa donde desayunaban los niños.
Estos dos durísimos ejemplos sirven para expresar gráficamente cómo los niños están traumatizados por las escenas de violencia que han vivido. Conviven con una muerte diaria y, sin embargo, no han perdido la sonrisa. Nos sorprendió a todos los cooperantes la madurez forzada de estos niños.
Jasmin y Azahara son palestinas y trabajan en nuestra brigada, sus impresiones y sentimientos son la mejor conclusión de esta crónica.
Jasmin: “Finalmente vuelvo a mi tierra, a la ciudad donde nació mi padre, donde encuentro gente querida. En los territorios ocupados es inevitable para mi no sentir la angustia de esta cruel ocupación. Las mismas víctimas de esta injusticia nos acogieron con el más caluroso de los abrazos. En las casas de los refugiados, vivimos las historias de lucha, incursiones, cárceles que nos contaban, entre sorbo y sorbo de té, unos chicos de no más de 20 años. Con los niños lo que más me llamó la atención fue que a pesar de su corta edad, de su fragilidad, parecían más maduros, como pequeños hombres. Como palestina de 26 años, al dejar estos niños, cogí la fuerza para seguir luchando por nuestra tierra, Palestina”
Azahara: “Crecen demasiado rápido, pero siguen siendo niños, podía haber nacido aquí, pero no pude, la ocupación no lo permitió, sin embargo el día que conocí a estos niños sentía su alegría, sus nervios por el viaje, su ilusión, te abrazaban, besaban, cantaban, había una energía que nunca antes había sentido, sentí pena cuando me despedí de ellos, se sentaron haciendo un circulo a mi alrededor, era emocionante, inventamos un nuevo idioma, el idioma del futuro, el idioma de la paz, los niños son el futuro del pueblo palestino, así que si algún soldado leyera este mensaje desde aquí le digo: deja a los niños crecer en paz, no les cierres los campos de fútbol, no separes sus pueblos, no les humilles, ni desgastes sus mentes, porque son niños y tienen el derecho a vivir como tales”.
Javier García · Plataforma de Solidaridad con Palestina de Sevilla
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